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Vae Victis

Sin título

Ave picoteando su propia sombra: una pausa
más allá de si misma.

de Silvio RODRIGUEZ ( Óleo de mujer con sombrero )

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.

de ANA

(...)Que de una mano temblorosa,
puede caerse el amor que hay en ella. (...)

Publicado en la Lista ADAMAR 03/02/04

de Paul CELAN ( de Parte de nieve )

Con los callejones sin salida hablar
del interlocutor,
de su
expatriada
significación:

masticar
este pan, con
dientes de escritura.

Paul Celan: Obras Completas. Editorial Trotta

Sin título

¿Lo ves?.
No quieres verte y no te veo.
Si te mirases...

de Carmen TARÍN (Sin título )

Lo bello
en otro tiempo
procuré mantener.
La ausencia, como piedra
lanzad

Sin título (de A la zaga del ave )

Menguar el aire comprendido
entre nuestros cuerpos.
Cifra pequeña
grande distancia.

Sin título ( de A la zaga del ave )

Esos,todos los espacios de nuestra piel
que jamás opusieron frontera

¡Como nos maldicen, vida mía!

de Andrés IBÁÑEZ (Los que no entienden)

Hace poco lo decía Vila-Matas en un artículo aparecido en El País acerca del
Premio Nobel Coetzee: en España hay la pasión de tener que entenderlo todo.
Decía también (si es que yo lo he entendido bien) que a él le gustaba no
entender las cosas, y que hay obras literarias que no entiende bien o que no
entiende del todo y tienen, sin embargo, pleno sentido para él. Algo similar
decía en su reciente París no se acaba nunca, un libro maravilloso que trata de
un joven aprendiz de escritor que, como todos los jóvenes, y como todos los
aprendices, y como todos los escritores, no entiende nunca bien del todo lo que
le está pasando: no entiende bien los consejos que le da Marguerite Duras para
escribir novelas; no entiende bien por qué una tal Isabelle Adjani le mira raro
cuando él le dice que debería ser actriz; no entiende por qué cuando vuelve a
buscar una «librería clandestina» que conoció hace tiempo, el edificio resulta
ser completamente distinto de como él lo recordaba. Porque así es la vida real,
la vida de los que están vivos. El mundo es muy extraño y sorprendente, y lo
normal es no entenderlo. Querer entenderlo todo es una manía contemporánea, una
forma suave de neurosis, una fobia nueva, una nueva variedad de paranoia.
He de confesar que yo también, como Vila-Matas (si es que le entiendo bien, que
no estoy seguro) tengo la pasión de no entender las cosas y de disfrutar el
doble por ello. Me gusta no entender, no entender dónde estoy, no entender quién
soy, no entender el libro que leo o la película que veo. Los niños no entienden
bien los libros que leen ni las películas que ven, y por eso les fascinan de tal
modo, por eso les influyen tanto y les transforman tanto interiormente. Me
gustan los sitios grandes, los aeropuertos, los hoteles, las grandes
superficies, el Barbican Center de Londres, el hotel Marriot-Marquis de Nueva
York, los libros grandes, las óperas grandes, los cuadros grandes (aunque sean
físicamente tan pequeños como la Música en las Tullerías de Manet), por la
simple razón de que las cosas grandes no se pueden entender bien, y hay algo en
nuestro interior que se siente feliz, abierto, alimentado, libre, cuando no
entiende, cuando pierde la sensación de los límites. En su célebre análisis de
la posmodernidad, Fredric Jameson explica que la fascinación del hotel
Westin-Bonaventure de Los Ángeles está en que al entrar en el vestíbulo es
difícil saber hacia dónde ir, dónde está la recepción, si estamos al nivel de la
calle o dos pisos por encima, si debemos subir o bajar. Porque el placer de no
entender es un placer posmoderno, el placer de vivir en un mundo tan complicado
que no tenemos ninguna necesidad de entenderlo: sólo de atravesarlo.
«Yo no entiendo nada», dice el honesto lector, francamente indignado. Pero el
problema no es que no entienda, sino que el libro no dice lo que él quiere oír,
que el texto no dice las mismas cosas que él piensa. «Cuando Juan Ramón dice
"que a donde tienes que ir es a ti solo", ¿qué quiere decir? ¿que está triste?»
Esto es comprender (o intentar comprender) con la mente, un comprender que
quiere decir «traducir», como cuando en el colegio nos enseñaban que «verde» en
Lorca significa «la muerte» y bobadas semejantes.
Pero también se puede comprender con la imaginación. Ésta es una forma de
comprender que tiene que ver con la consonancia: entrar en consonancia con algo.
De este modo entendemos la música, que es algo que no podemos traducir en modo
alguno. De este modo «entendemos» a las personas: no por lo que dicen, sino por
lo que son. Comprender con la mente es guardar en una caja y poner un rótulo.
Comprender con la imaginación, en cambio, es dejarse invadir, abrir todas las
ventanas para que entren los colores, las voces, los sonidos, las formas
extrañas, la extraña y hermosa diferencia, la belleza inexplicable.
La literatura es cada vez más blanda, más fácil, menos poética, menos intensa,
por esa obsesión que tienen tantos lectores de «entender», es decir, por ese
deseo pueril de leer textos que les digan las mismas cosas que ellos piensan.
Por muy extraño que pueda parecer, los libros, o los poemas, no deben leerse
para entender «lo que dicen», sino para tener una experiencia, y las
experiencias no siempre se dejan interpretar y no siempre pueden explicarse con
palabras. Si me apuran, llegaría incluso a decir que los únicos libros que
merece la pena leer son los que uno no entiende bien.

Publicado en ABC Cultural 11/01/04

de Cesar VALLEJO ( Los heraldos negros. 1918 )

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

de Ferdinando SCIANNA ( "Benares" India 1972 )

de Ferdinando SCIANNA ( "Benares" India 1972 )

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de Carmen TARÍN ( Sin título )

Me vuelvo a la niebla, allí
donde me buscas
colegiata en sima, trono
de libélula.

De E.M. CIORAN. ( Silogismos de la Amargura )

En este «gran dormitorio», como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez.

de Carmen TARÍN (sin título)

Habitar peces muertos.
Ciertas formas cerradas
pueden filtrar
la luz.

de SADO

Catherine Deneuve ha envejecido
como yo
como el amor que no tuvimos
porque el rumbo de la mirada
porque el puño de una nube
y un sabueso
perdido en el bosque
porque la seda
y la chalina
y el frac descosido

Publicado en la Lista de Correo ADAMAR 19/01/04

de Aldous HUXLEY

El amor ahuyenta el miedo y,
recíprocamente, el miedo ahuyenta al amor.
Y no sólo al amor el miedo expulsa;
también a la inteligencia, la bondad,
todo pensamiento de belleza y verdad,
y sólo queda la desesperación muda;
y al final, el miedo llega a expulsar
del hombre la humanidad misma.

de Nuchi BELCHI

Tú estabas sentada en un extremo del sofá. Yo tumbada con mi cabeza sobre tus
muslos. Te pedí entonces que me acariciaras el pelo. Los extremos de tus dedos
con movimientos suaves, pausados, rítmicos, me sumergían en un estado de letargo
y placidez.
Pasaba de la cima de la sierra de Gredos al fondo de un mar de cristal transportada por la levedad de un tacto que despertaba la justa emoción a la medida de mi cuerpo.
Nada más. Y nada menos.

Me despertó la alarma del móvil. Anulé una cita urgente por otra desesperada a la peluquería. Ahora mi pelo pincha. No creo que nadie se atreviese a meter sus
dedos en él.

Publicado en la Lista de Correo ESCRITURACREATIVA 11/01/04

Sin título ( de Escultura de manzano )

Fábula que las aves de la costa relatan.
Epístola viva. Delación del mar.
Arrecifes, batientes, acantilados…

Y el gusto salobre de tu cuerpo
contra la noche.

de TÖMAS ( Brevedades II )

No vuelvas a entorpecer el tránsito de mi mirada,
aguda como un cáncer en tu pecho.
No quieras ser jueves
en el abismo.

Pubicado en la Lista de Correo ADAMAR 15/01/04

sin título

a S o A, ella sabe

La amiga dijo a la amiga:
No estas en paz contigo, porque no estarlo es tu paz.

Inmediatamente, comenzó un Ensayo.