de Alejandra PIZARNIK (Encuentro)
Alguien entra en el silencio y me abandona.
Ahora la soledad no está sola.
Tú hablas como la noche.
Te anuncias como la sed.
Alguien entra en el silencio y me abandona.
Ahora la soledad no está sola.
Tú hablas como la noche.
Te anuncias como la sed.
Esta tarde, desde la ventana de mi estudio
Fruta
la sima de su boca.
Confitura
de ella
cuando toco sus labios
Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa de
mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
de Los versos del capitán
Tú,
tú preacuñada por el golpe enemigo,
en ti prendí yo,
en ti emprendí yo
lo que te reprimía,
también el recuento del odio,
de ti alcé
al hijo,
dámelo de nuevo,
así te tendrás a ti misma
Los poemas pástumos. Editorial Trotta
(
) Nada deja tanta huella en nosotros como las cosas que no concluyen. (
)
LA VOZ CANTANTE. Ediciones Anagrama.Barcelona 2004
Aún ayer, buscaba
al regresar
a casa
sus pasos a recibirme
su mirada
la marea de su ladrido.
Cuando alguien se empeña en mantenerse en un punto,
niega cualquier posibilidad de línea.
Así es mi vida,
piedra,
como tú; como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centellas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra de una Lonja,
ni piedra de una Audiencia,
ni piedra de un Palacio,
ni piedra de una Iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera ...
del ULTIMO TANGO EN PARIS
No sé decir qué piedra esconde a la piedra
qué roca engendró la piedra
si su sangre, si su esperma.
¡Qué soledad de mineral concebida!
Oigo una voz que me dice: No visites jamás
de día los lugares donde duermes de noche,
porque corres el peligro de crear dos vidas
que mutuamente se destrocen.
Moreno-Avila Editores
(
) Si toda lengua está destinada a sufrir el tormento de la rueda y en ella morir, algo, sin embargo, irá a dar a algún seno del universo donde se engendre, al par que la palabra, la resurrección.
Ediciones Tabla Rasaa GRA, miembro del Foro de Escritura Creativa, en respuesta a su "gran pregunta" de estos días.
(...)
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
(...)
Editado en Circulo de Lectores)
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.
Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Para mi amiga que viene cruzando el Mediterráneo. M.M.G
Ellos dijeron que iban a hablar largo y tendido pero cuando se tendieron no
hablaron.
¿Quién puede abrir la puerta de su rostro?
Ávido vuelve
al jardín confeso de sus labios.
Yace el reptil reconociendo
el sueño de volar.
null
Pipa
En el libro del cuerpo leí el alma.
Y comprendí que el cuerpo
compone, con el alma, un solo libro,
soberana unidad de un dios entero.
Fuego que abrasa lo que existe,
encarnación que vino desde el verbo.
Luz material de lo que existe,
y cuanto existe, ardido en fuego negro.
Dios de la unidad en muslos enlazados,
alma ardida en deseo.
El deseo del ser en la unidad
y la unidad de Dios resuelta en fuego.
El libro, tras la duna. Editorial Pre-Textos
(...) Sed buenos y no más, sed lo que he sido,
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.